Las llaves del misterio estaban protegidas bajo un manojo ceñido a su cintura, sólo su amante tenía acceso a ellas cada atardecer, cuando en secreto, sumergían el deseo en los mares del pecado, abrevando la insaciable sed de amarse detrás de los portales del adulterio.
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Deseo
3 ene 2009
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1 Comentário:
- Infiernodeldante dijo...
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El amor no conoce de adulterios. Máxime cuando se trata de la mujer de otro, y siempre que ese otro no sea un amigo, jaj. Excelente micro, corazón. Un placer leerte.
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6 de enero de 2009 a las 7:06
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