Ante la dificultad de mantenerse de pie, el alpinista cayó de rodillas. Sus torpes movimientos por el incontrolable temblor de su cuerpo no le permitía avanzar un paso más. Inmovilizado a causa de la severa temperatura, perdió totalmente el equilibrio quedando expuesto sobre la nieve, donde brotaban algunos botones de unas flores extrañas. Aunque no pudo tocarlas supo que no era un espejismo. Irónicamente, allí donde renacía la vida, una corriente de aire soplaba sobre su cuerpo arropándolo con el frío de la muerte.




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